No te ofendas, pero esta silla tiene dueño.


Estoy sentada en esta silla
Y tu ausencia en la contigua.
Nuestras pasiones literarias,
Y tu ausencia acá conmigo.

(¿Cómo un amante de la literatura podría perderse de sentarse en un café?)

-¿La silla está vacía? – preguntó un hombre.
-Sí.

El hombre (sin preguntar “¿Te molesta si la llevo que el café está lleno?"), amagó a tomar posesión del mueble.

-No te ofendas, pero esta silla tiene dueño.
-¿No me digas? – contestó el hombre, petulante -¿Te dejaron plantada?
-No te ofendas, pero esta silla tiene dueño.
-¿No me digas?¿El hombre invisible quizá?
-El hoy no viene, pero esta silla tiene dueño.
-¿Me estás tomando el pelo?
-No te ofendas, pero esta silla tiene dueño.
- ¡Este es un lugar público y vos tenés que dejar sentar a quien quiera que se quiera sentar!
-No te ofendas, pero esta silla tiene dueño.
-Nena, ¡No hagas tanto teatro! ¡Vos tenés la silla Paga en este Café! ¿Eso se puede hacer? ¿Por qué en la puerta no dice que se puede pagar por una silla, para sentarse cuando a uno se le cante? ¡Lo que pasa que vos estás acomodada en este Café! ¡Ya sé! ¡Te transaste al dueño y por eso tenés la silla “Paga”!
-Obvio, ¡pagate una!, pero vas a tener que transarte a la dueña.

El hombre se alejó y tomó asiento en una mesa de la ventana.

Respiré hondo y moví la mano. Me pareció conocer al tipo de alguna parte, pero no podía “sacarlo”. Tampoco lo iba a mirar nuevamente, acudiría a mis recuerdos para desvelar el misterio. Sin embargo, (como hago siempre que me quiero hacer la mala), acaricié mi larga cabellera, bien erguida sentada en Mi Silla, y se me dio por peinarme con los dedos, haciendo movimientos lentos, y sensuales. Nada más placentero que enojar a un “winnercito”, de esos que como tienen ojos lindos, traje y corbata, y una voz grave, se creen que todas las mujeres se mueren con ellos.
(Se necesita mucho más que eso).

Estoy sentada en esta silla
Y tu ausencia en la contigua.
Nuestras pasiones literarias,
Y tu ausencia acá conmigo.

Una foto mía revelada,
El negativo de la tuya,
Tu ausencia está presente,
Siempre está presente.

(¿Cómo un amante de la literatura podría perderse de sentarse en un café?)

-¿La silla está vacía? – preguntó un hombre.
-Sí.
(Reconocí la voz grave. La de ayer. ¿Otra vez este tipo acá? )
-No te ofendas, pero esta silla tiene dueño.
(Así que volviste… “winnercito”, ¿qué vas a hacer ahora? Me vas a decir lo linda que soy y me vas a querer impresionar con una mirada fulminante para incluirme en tu lista?)
-No te ofendas, pero esta silla tiene dueño. El hoy no viene, pero esta silla tiene dueño. No te estoy tomando el pelo, no tengo la silla paga, ah, y no me transé al dueño. Andá a buscar otra.

El hombre se alejó y tomó asiento en la mesa de la ventana de ayer. Yo a ese tipo lo conocía de alguna parte pero me era imposible “sacarlo”.
(Este tipo me tiene ganas y me quiere incluir en la lista, seguro que anoche se fue a dormir pensando “Mañana me la transo”, mientras escuchaba en su sala de audio a Pink Floyd)
(Se necesita mucho más que eso).

Estoy sentada en esta silla
Y tu ausencia en la contigua.
Nuestras pasiones literarias,
Y tu ausencia acá conmigo.

Una foto mía revelada,
El negativo de la tuya,
Tu ausencia está presente,
Siempre está presente.

(Tan presente está tu ausencia,
Que mi imaginación transformó en presencia).

Esto es lo que me queda,
Tu ausencia devenida,
De presencias pasadas,
Grabadas para siempre.

(¿Cómo un amante de la literatura podría perderse de sentarse en un café?)

-¿La silla está vacía? – preguntó el hombre.
-Sí.
-¿Me puedo sentar?
-No.

Anna Donner Rybak © 2012
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...